Cuando el tiempo se agota y ya no sabes más que hacer. Cuando tu vida pasa, y pasa, y no te espera. Cuando la experiencia demuestra que recordar es lo más dulce e imaginar a veces se hace amargo. Es entonces cuando surge todo esto. Nocturnas fidelidades...
“ La poesía se ha
convertido en un elemento común en nuestro día a día. Nuestras palabras y las
de los que nos rodean sobrepasan el ámbito comunicativo con intenciones varias,
desde asombrar y convencer, hasta reír o herirnos.
Todas las personas,
cultas o incultas cultivan el arte de la palabra sin gran dificultad. Nuestra
cultura lo ha utilizado como arma poderosa y de bajo coste desde que comenzamos
a articular palabras.
No significa que los
primeros humanos maquinasen y analizasen sus mensajes antes de transmitirlos,
pero es evidente que hemos ido renegando del acto usual de transmitir
información para utilizar el lenguaje como arma a nuestro favor.
Ya lo insinuaba el
sofista Gorgias cuando declaró que el lenguaje tenía una realidad independiente
de nuestro pensamiento y podía utilizarse con fines prácticos.
Sin embargo la
poesía es un arte, tal vez el menos estimado ya que nos parece mera palabrería.
No vemos dificultad en escribir unos cuantos versos que se parezcan a esos que
acabamos de leer, sin fijarnos siquiera en si los hemos comprendido. Creemos
que un poema son unas cuantas expresiones bonitas por acá, unos versos que
rimen y dos o tres comparaciones sin sentido. Pensamos que por conocer el
código y utilizarlo a diario es fácil el oficio del poeta.
Los poetas han
elevado la palabra a otro nivel, por eso sus versos no se entienden, se
descrifran, a veces sin éxito, pero cuando adquirimos cierta experiencia,
llegamos a sustraer más de un significado. El poeta condensa de tal forma sus
emociones y su contexto vital que hace de cada poema un ente
plurisignificativo.
El poeta está tan
vinculado a su poesía que podría decirse que vive en ella, y ésta es un vástago
de su existencia. A la hora de escribir el poeta utiliza su mente y su corazón,
su pasado y su presente, su futuro y ese mundo que a él solo pertenece. Y
tantas realidades las expresa con el lenguaje cotidiano. Mientras que algunos
lo desprecian por utilizar el mero lenguaje, es aquí donde radica su valor, en
convertir nuestro lenguaje rutinario en una obra de arte.
Ante la creencia
popular de que una imagen vale más que mil palabras, yo la rebato y afirmo que
una palabra es capaz de dibujarnos mil imágenes en nuestra mente y mil imágenes
distintas en la mente de cada cual que la interprete. De aquí que la poesía sea
el arte más íntimo y donde el artista, disfrazado en palabras, se plasma con
mayor profundidad.
Es cierto que a lo
largo de la historia los poetas han aquejado la incapacidad de expresar su
profundo sentir con el simple lenguaje artificial. Y es que la poesía también
es el arte que más se vincula al ser humano. Es un arte artificial, totalmente
creado por el hombre, con todas las ventajas e inconvenientes que esto acarrea.
Es curioso cómo
España a llegado a destacar tanto en el ámbito literario. Esto denota un
profundo sentimiento por parte de sus habitantes que, aislados en su ruralidad,
no eran influidos por los movimientos o ideologías europeas que se extendían
normalmente por las urbes. Y es que España ha sabido aunar la modernidad con la
tradición a pesar de que sus raíces ,en ocasiones, hayan tirado más fuerte.
Como venimos
experimentando, nuestras modernas vidas no dejan tiempo suficiente siquiera
para darnos cuenta de que estamos viviendo. ¿Cómo pretendemos tener tiempo para
expresar nuestros sentimientos si estamos oprimidos, entretenidos y
determinados ya desde jóvenes?
A mi parecer este
podría ser uno de los factores por los cuales en España se ha cultivado tanta y
tan buena literatura. Las ideologías que han determinado el rumbo de Europa
durante la historia nunca arraigaron fuertemente en España, que siempre ha
permanecido un tanto independiente, con sus propios problemas y sus propias
alegrías. En sentido metafórico, la Península representaría la “CIVITAS DEI”
frente a la “CIVITAS HOMINUM” de la
Europa supuestamente más desarrollada.
Realmente lo que ha
determinado a España ha sido su tradición. Y qué mejor forma de determinarse
que con lo que nos identifica. La tradición, tan presente en Machado, se ha
basado en la sempiterna búsqueda de Dios, en las costumbres provenientes de la
ruralidad y en una extensa cultura, legado de una rica historia. Este folklore,
este bagage de cada español por ser español, tal vez haya permitido también una
literatura tan valiosa.
Para ser poeta hacen
falta fuertes dosis de imaginación y sentimiento puro, es decir, una
personalidad un tanto infantil (el niño de Nietzsche), que a veces en nuestra
madurez se disfraza de locura.'
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