Yo, yo mismo y mi circunstancia

Yo, yo mismo y mi circunstancia

martes, 9 de diciembre de 2014

Al fin, esto fue el principio...

Cuando el tiempo se agota y ya no sabes más que hacer. Cuando tu vida pasa, y pasa, y no te espera. Cuando la experiencia demuestra que recordar es lo más dulce e imaginar a veces se hace amargo. Es entonces cuando surge todo esto. Nocturnas fidelidades...

 “ La poesía se ha convertido en un elemento común en nuestro día a día. Nuestras palabras y las de los que nos rodean sobrepasan el ámbito comunicativo con intenciones varias, desde asombrar y convencer, hasta reír o herirnos.
   Todas las personas, cultas o incultas cultivan el arte de la palabra sin gran dificultad. Nuestra cultura lo ha utilizado como arma poderosa y de bajo coste desde que comenzamos a articular palabras.
   No significa que los primeros humanos maquinasen y analizasen sus mensajes antes de transmitirlos, pero es evidente que hemos ido renegando del acto usual de transmitir información para utilizar el lenguaje como arma a nuestro favor.
   Ya lo insinuaba el sofista Gorgias cuando declaró que el lenguaje tenía una realidad independiente de nuestro pensamiento y podía utilizarse con fines prácticos.
   Sin embargo la poesía es un arte, tal vez el menos estimado ya que nos parece mera palabrería. No vemos dificultad en escribir unos cuantos versos que se parezcan a esos que acabamos de leer, sin fijarnos siquiera en si los hemos comprendido. Creemos que un poema son unas cuantas expresiones bonitas por acá, unos versos que rimen y dos o tres comparaciones sin sentido. Pensamos que por conocer el código y utilizarlo a diario es fácil el oficio del poeta.
   Los poetas han elevado la palabra a otro nivel, por eso sus versos no se entienden, se descrifran, a veces sin éxito, pero cuando adquirimos cierta experiencia, llegamos a sustraer más de un significado. El poeta condensa de tal forma sus emociones y su contexto vital que hace de cada poema un ente plurisignificativo.
   El poeta está tan vinculado a su poesía que podría decirse que vive en ella, y ésta es un vástago de su existencia. A la hora de escribir el poeta utiliza su mente y su corazón, su pasado y su presente, su futuro y ese mundo que a él solo pertenece. Y tantas realidades las expresa con el lenguaje cotidiano. Mientras que algunos lo desprecian por utilizar el mero lenguaje, es aquí donde radica su valor, en convertir nuestro lenguaje rutinario en una obra de arte.
   Ante la creencia popular de que una imagen vale más que mil palabras, yo la rebato y afirmo que una palabra es capaz de dibujarnos mil imágenes en nuestra mente y mil imágenes distintas en la mente de cada cual que la interprete. De aquí que la poesía sea el arte más íntimo y donde el artista, disfrazado en palabras, se plasma con mayor profundidad.
   Es cierto que a lo largo de la historia los poetas han aquejado la incapacidad de expresar su profundo sentir con el simple lenguaje artificial. Y es que la poesía también es el arte que más se vincula al ser humano. Es un arte artificial, totalmente creado por el hombre, con todas las ventajas e inconvenientes que esto acarrea.
   Es curioso cómo España a llegado a destacar tanto en el ámbito literario. Esto denota un profundo sentimiento por parte de sus habitantes que, aislados en su ruralidad, no eran influidos por los movimientos o ideologías europeas que se extendían normalmente por las urbes. Y es que España ha sabido aunar la modernidad con la tradición a pesar de que sus raíces ,en ocasiones, hayan tirado más fuerte.
   Como venimos experimentando, nuestras modernas vidas no dejan tiempo suficiente siquiera para darnos cuenta de que estamos viviendo. ¿Cómo pretendemos tener tiempo para expresar nuestros sentimientos si estamos oprimidos, entretenidos y determinados ya desde jóvenes?
   A mi parecer este podría ser uno de los factores por los cuales en España se ha cultivado tanta y tan buena literatura. Las ideologías que han determinado el rumbo de Europa durante la historia nunca arraigaron fuertemente en España, que siempre ha permanecido un tanto independiente, con sus propios problemas y sus propias alegrías. En sentido metafórico, la Península representaría la “CIVITAS DEI” frente a la “CIVITAS HOMINUM”  de la Europa supuestamente más desarrollada.
   Realmente lo que ha determinado a España ha sido su tradición. Y qué mejor forma de determinarse que con lo que nos identifica. La tradición, tan presente en Machado, se ha basado en la sempiterna búsqueda de Dios, en las costumbres provenientes de la ruralidad y en una extensa cultura, legado de una rica historia. Este folklore, este bagage de cada español por ser español, tal vez haya permitido también una literatura tan valiosa.

   Para ser poeta hacen falta fuertes dosis de imaginación y sentimiento puro, es decir, una personalidad un tanto infantil (el niño de Nietzsche), que a veces en nuestra madurez se disfraza de locura.'

No hay comentarios:

Publicar un comentario