Yo, yo mismo y mi circunstancia

Yo, yo mismo y mi circunstancia

martes, 9 de diciembre de 2014

El cariño despierta y mis manos tocan la arena

II

Hablamos hasta el amanecer,
sin bostezos, solo suspiros.
Nos reímos en la oscuridad
pensamos en el olvido
y finalmente unos besos
sin pasión, solo cariño.
Pisamos la calle tierna
todavía del rocío.
Las farolas encendidas,
ni un solo individuo.
Caminábamos pegados,
al azar alejando nos fuimos
sin saber siquiera
donde acabar nuestro camino.
Nos sentamos en un banco,
pasamos desapercibidos
ante las miradas inocentes
de los pájaros, y morimos
acurrucados,
bajo el cielo de los vivos.
No queríamos acabar_
la mañana sin motivo
Esperamos, indiferentes,
hasta que el corazón lo dijo.
Fue al ocaso cuando
ya bastante entumecidos
nuestros cuerpos se separaron
en lo que parecía un rito.
De repente un súbito abrazo
vestigio de nuestro amor prohibido.
Él se rió llorando.
Ella lo notó esquivo.
Él quería acabarlo.
Ella no lo quería de amigo.
Ella quedó en el banco…

El otro se marchó peregrino.

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