XVIII
(Estancia)
Se abrieron mis ojos tarde en la noche,
sin nubes el cielo estaba pausado.
Mi cuerpo yacía inerte, mojado,
mi alma remaba allá con Caronte.
El trueno agita al mismo cielo y opone
la brisa traviesa de un viento ufano
que azota su verde rebaño de esclavos.
El lobo grita, la luna se esconde…
No tuvo sentido el fin y el comienzo,
de mi vida he hecho una estafa.
En mi soledad me asomo al silencio,
escucho el tenue crujir de la escarcha.
La lluvia diluye mi pensamiento
atrapado, por la sábana blanca.
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