Yo, yo mismo y mi circunstancia

Yo, yo mismo y mi circunstancia

martes, 9 de diciembre de 2014

Aparcado en un atasco

VII

Yo
que de los matorrales
verdes árboles juntos,
llego al turbio ajetreo
de la ciudad marchosa,
de los perros con bozales,
de los grises arbustos
sobre las aceras rojas.
Yo
que desde niño inocente
que disfruta corriendo,
ahora ni siquiera entiendo
la prisa, la amarga
mirada penitente
de los transeúntes,
de la gente.
Acabo rendido,
fascinado,
mi pensamiento alborotado…
Y de repente se pone verde.
Un autobús se alarga
azul
y quiebra una calle
plagada de escarabajos
de hierro y plata.
Los balcones cerrados,
Desinteresados de la angustiosa
Rue d’asfalto.
Cansados del monótono
motor,
de combustión silenciosa
de lenta rueda peligrosa
y un insípido color.
Las gárgolas blancas
en la tarde tornan grises,
el humo asciende a sus narices
… Extienden sus alas.
La noche enciende los faroles,
los carteles de colores
centellean incansables
cegando a las personas
y guiando a los borrachos.
Aquí nunca es ya tarde,
nunca son bastantes horas
ni el amanecer es temprano.
Todos raros anormales.
Todos cautos, especiales.
Todos iguales.
No siguen pauta alguna,
sin oficio estable
sólo dependen de la fortuna.
Enredados en sus cables
se rascan la oreja
mientras conversan al aire,
con la mirada perdida
observan pasar la vida,
oído atento a sus males.

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