XIV
(Cariño)
Y qué esperas
de alguien que te desconoce,
de alguien que te ama a ciegas,
que habita tus silencios
y te susurra simplemente
a la nuca
un suspiro…
Te estuve buscando
en la noche, mi alma nocturna
se consumía
como un candil de bronce.
Le pregunté a un murciélago
golondrino
cómo era volar tan bajo
cómo era estar tan ciego
y cortar la oscuridad.
Un tintero se ha derramado
sobre el blanco papel cielo.
La luna de goma
borraba mis miedos.
Pequeña mía,
gigante, sobre mis ojos
vertía sus lágrimas.
A ella solo compadezco.
Qué vacío siento el cuerpo
cuando tan vacía está el alma
y tan lleno el pensamiento.
Sólo el silencio me acalla.
Cerrar los ojos, no duermo
siquiera.
Siempre la misma rutina,
la vigilia y el sueño.
¿No pudieran mis ojos descansar
sin que de antemano esté yo
muerto?.
…y no pensarte,… y no sufrirte
solo, verte, apacible.
Te recuerdo.
Las nubes de la tarde en la noche
aparecen grises
y se esparcen,
con el soplo de la luna
que las mece por lo inmenso.
Te extraño.
Abro mis brazos y me proyecto
allá arriba, me libero.
Esto es un campo santo,
menos yo
todo está muerto.
Ya estoy saliendo de la atmósfera,
rocé una estrella
hace tiempo…
que no duermo,
tan solo te busco en sueños.
No me queda voz hacia arriba
el cielo oscuro no hace eco…
La luna egoísta
todo para ella
ahora me esquiva.
Mis rodillas se hincan en el desierto
asfalto de arena escarlata.
Mis ojos lloran de alegría,
he parado de pensar
un momento.
La brisa fresca de la noche
se llevó de mí la cordura.
Dos y tres son:
cuatro millones y un poco más.
Me abandono a la locura del sentí y miento.
Ya de nada sirve esto.
Te abrazo.
La alfombra blanca se me tiende
no la pisaré,
no quiero.
Dejadme solo callado
dejadme en la silla meciendo
mi cuerpo vacío
mi alma
feliz
sin pensamiento.
Si acaso parece que vivo.
Si acaso insinúen que perezco.
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