XV
Acuso tal carencia de cariño
por tu parte,
que siendo tú en ti misma
te miro.
Te observo y mi corazón
palpita.
Te muestras altiva, indiferente
y mis pupilas estallan
en lágrimas clandestinas.
¿Me observas?
¿Qué tramas en mi ausencia?
¿Acaso necesitas ser perseguida
por mi mirada irritada?
Adoras el cansancio de mis ojos,
el dolor de mis párpados que no alcanzan
a interrumpir tu presencia.
Oh, tu esencia, solo eso quiero.
Solo eso queda de tu recuerdo.
Fuimos confidentes
conscientes de nuestra
mutua condición de acuerdo.
Tú eras y yo te seguía.
Tú estabas y yo vivía.
Tú me llamabas y yo
renacía.
Fuimos confidentes.
Nuestras almas codificadas
se identificaron y
conversaron más de lo que pretendimos.
Estuvimos solos, acompañados
por el silencio abarrotado.
No estuvimos, pero aun así
estábamos.
Fuimos confidentes.
A nuestro amor se le llamó olvido,
a nuestras miradas, relámpagos,
a nuestros cuerpos…
Nuestros cuerpos se llamaron solos.
No te alcancé, no lo deseabas, no lo hice, no es que no lo
intentara, no tenía intención de incomodarte, no tuve valor, no me precipité,
no me excuso de nada.
Justo pretendo llegar
a tus labios
por el camino más corto.
El camino que tu recta mirada me permita.
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