XXIII
Agárrate a mi cintura,
bailemos.
No es momento de que hables
no es de la manera en la que quiero
que me quieras.
Sígueme el ritmo,
escucha nuestro ritmo.
Bailemos
hasta el final,
hasta que ambos exhaustos
caigamos.
Abrázame fuerte,
los violines se aceleran,
los platillos centellean
y los timbales se hunden.
¿Salimos a fuera?
Tomemos el aire
bajo la agotada lluvia.
Te doy un respiro
salgamos,
seamos de la noche fugitivos.
Te dejo ser mi caballero andante,
cógeme fuerte la mano,
ámame...
Dijo la vida simple
al animal parlante.
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